
Montse, publicó éste libro de soliloquios en el que reflexionaba sobre muchos aspectos de su realidad de aquella época un tanto negativa. Un soliloquio, es un circuito por la imaginación en el que hay muchos túneles no exentos de terror. Un soliloquio, es una bomba de relojería lista para explosionar con una metralla de ansiedades, melancolías y angustias. De ese rosario de pensamientos surje un monólogo autoflagelante en el que se representan preocupaciones y miedos.
Montse, es una estupenda poeta, una insustituible amiga y una maravilla de mujer.
De su libro, DESNUDA, extraigo éste capítulo, muy apropiado para un día de lluvia.

Clara Santafé
No sé que pasa, pero cuando estás enamorado, te corresponden, y puedes dar rienda suelta a tu lascivia, sin ser presa de indolentes melancolías, se te resisten las letras con la misma facilidad, que ella, se te baja las bragas.
El corazón, pierde capacidad de asombro, en similar proporción al plus de destreza que adquieren tus conductos eyaculatorios. Entras en faena y afrontas la llegada del placer sin más preocupación, que no protesten los vecinos, por los gemidos que se ofrendan al señor a duo; ¡oh, Dios!, ¡Dioooooos!. O también, Oh, god, my godddddd !, si ella es anglosajona, (que de todo toca).
Eso es lo importante, que no protesten.
Pero te pones a escribir lleno de expectativas y nada. El cerebro lo has dejado entre sus piernas. Pasan las horas delante del papel, y quieres soñar, tener alguna pesadilla que fructifique en un texto genial, espontáneo y simbólico; un pequeño ensayo, un diálogo, un poema, algo, que salga algo.
Por ejemplo podría salir algo así:
Su espalda desnuda, entumece mis manos.
Hasta el alba, sobre ella, como uno más de sus ligamentos.
Arrebola el oro en su boca, aleado con la mía.
Ha succionado, el fuego de mi polución.
¡Vaya mierda!.
Se acabó. Vuelvo a la faena.





