
Todo empezó como un juego. La idea no era nada novedosa: una invitación a desarrollar un concepto artístico inspirado en la letra Zeta, digo que no era nada original porque ya se hizo con motivo de la
Expo. Pero como teníamos ganas de hacer cosas decidimos ponerla en marcha. Cada uno de los miembros del grupo, La Casa de
Zitas invitaba a participar a personas
significativas en diferentes lenguajes, plásticos,
poético literarios, pictóricos, escultóricos, fotográficos, cinematográficos, musicales, etc.
Ya tenemos mas de 60 obras, un libro que recogerá fotográficamente la producción, y un itinerario
expositivo más que atractivo. La primera exposición tendrá lugar en
El Instituto Cervantes de Toulouse, después en El Museo de Historia de Zaragoza y, muchas fechas y lugares interesantes para exhibir el montaje de Zetas.
Es
increible la capacidad imaginativa que tiene la peña para engendrar obras con un tema tan aparentemente nimio y explotado.
Ese engendro de ahí arriba es la mía, la Zeta de mis sueños. Digo de mis sueños porque llevo tres meses dándole a la cáscara, al cuenco, al mortero y, de un montón de ideas geniales, esa es la que he sido capaz de realizar,
Si a alguien le gusta aquí dejo la receta:
Una calavera tamaño natural preferiblemente de plástico, aunque tendría más mérito robarla de algún cementerio.
Una sierra de marquetería para cortarla.
Un paquete de sopa de letras.
Unas pinzas con punta de pelicano.
Diez tubos de pegamento transparente.
Un bote de pintura de forja.
Dos de pintura acrílica, (blanco y rojo).
Una barra de soldadura en frío.
Una revista de la que obtener letras recortadas.
Una tapadera de sartén, (en los chinos, 1. 80
Eu).
Y 30 horas, desordenadas, idénticas, sufridas, inciertas, aburridas, indiferentes,
asexuadas, 30 horas, perdidas, tontas,
descanalizadas, perplejas, y esparcidas.