domingo, 25 de octubre de 2009

Soy un cerdo




Nací, cerdo. Sí señores, nací y fui criado para que de mi, se aprovechase todo, podía haber nacido, cordero, o vaca, o pollo, o conejo, o avestruz, o pato, ser humano, o cualquier otra especie de las miles y miles que pueblan el planeta, pero no, uno nace como nace y a mi me tocó nacer cerdo, un cerdo un poco perro, sí, pero cerdo de morro a rabo.

Es un misterio sin resolver por qué llegas a la vida con una determinada forma, una multiplicidad de factores enigmáticos conforman tu aspecto cuando adquieres la condición de, Ser. Ese enigma sólo Dios podría descifrarlo, pero como soy un cerdo, no me ha sido dada la capacidad de hacerme ese tipo preguntas, las que me hago son debidas a la paranoia de quien hace que me exprese como un humano, pues para él, soy importantísimo.

La vida de un cerdo es simple; comer, dormir y evacuar purines. Como vivo en una granja ni siquiera puedo disfrutar del placer sexual, debido a que el método reproductivo es por rigurosa inseminación, o sea que no pierdo el tiempo en enamorarme de ninguna cerda, ¿para qué?, no puedo follar, estoy capado desde que era un lechón para que mi carne pierda olor a berraco, para evitar tentativas de rebelión como la que inventó George Orwell en Animal Farm, y para que mis jamones y salchichones sean más suaves y jugosos.

No me quejo, ahora soy regordete, sucio, tosco, y mal fachado, pero cuando adquiera el peso y la edad adecuada seguiré mi destino, que es, ser un manjar. Convertirme en sabrosos chorizos, saciadoras morcillas, tiernos salamis, y finísimas lonchas de exquisito pernil, saciando sentidos, engatusando olfatos, agitando gustos, deslumbrando vistas y pringando tactos. No puedo evitar sentir cierta ternura por la boca que me va a comer, orgullo de ser blanco de su gula, sentirme objetivo de su placer, estrella de sus piropos.

Tú, ¿qué eres?, soy un cerdo, y he sido creado para estimular tu glándula pituitaria y hacerte creer en los milagros, para reencarnarme en ti, para consolar tus angustias y vacíos, para aminorar tus cóleras, contribuir a tu bienestar, tanto si me comes como si me zampas. Una vez muerto, mi entrega es total, me gusta gustarte, que goces de mi inocencia, una salchicha, dos salchichas, tres salchichas, un torrezno, dos torreznos, tres torreznos, soy tu puerco, ábreme en canal, deshuésame a tus anchas, házme pedazos, come, cómeme hasta que vomites, no tengo miedo, pícame con perejil y ajo, con pimienta y orégano, con cebolla y pimentón, me abandono a ti, me acomodo a tus dientes, mastícame despacio o te sentaré mal, ten cuidado, te puedo llevar a la cima del placer, al disfrute celestial, a que tu diástole y sístole interpreten la tercera sintonía de Beethoben, pero la naturaleza es vengativa y por eso me ha hecho de puro colesterol, te puedo sumir en el definitivo sopor, en el sueño total, en el eclipse eterno.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No se si comere cerdo despues de leer esto Pepe. Como relato incleiblemente bueno como casi todo que leo de ti.

LUIS ROSER RODRIGUEZ dijo...

Pues yo si que comeré..donde este el jamón, las manitas, el morro, la careta...es que se aprovecha todo como dice Pepe....

pero la naturaleza es vengativa y por eso me ha hecho de puro colesterol, te puedo sumir en el definitivo sopor, en el sueño total, en el eclipse eterno.

PERO, PERO, PERO...siempre tiene que haber un pero, el pero es el autentico terrorismo, dinamita de las comilonas, de las ilusiones, de los excesos.....

Un saludo Ppepe

columna dijo...

Soy una cerda, con su jugoso coño guardado entre mis deseosos jamones, a mí no hay quien me cape.
Lo siento Pepe, siento ser más exquisita y deseada que tus vulgos perniles.

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