lunes, 4 de agosto de 2008

Dulce Ponte y Estrella Morente

Acabo de dejar en el blog de Mariano Ibeas, una palabrota: "joder". Sí, si, ¡joder!, así, como suena, aunque yo no suela... ¿por qué?, porque se me ha adelantado pegando una crónica del concierto de Estrella Morente y Dulce Pontes, lo que significa que a ésta, a la mía, le va a restar valor, frescura y espontaneidad. Por otra parte, podría copiar y pegar algún youtube de ellas pero eso lo sabe hacer todo el mundo y ya no tiene puta gracia.

- Bueno, dejate de historias. ¿La vas a escribir o no?.

- Bien, vale, pero no va haber carga laudatoria, pues a las diez mil personas, que nos salpicábamos unas a otras, sudor y mala leche, no nos hizo ninguna gracia soportar tres cuartos de hora a unos artistas cibergrafiteros portugueses.

Mientras uno dibujaba en un portátil, garabato tras garabato con el powerpoint e iba llenando las enormes pantallas de cólicos biliares fosforitos, el otro, manejando otro artilugio, creaba sonidos a ritmo de los trazos, pensados para hacer bailar los dientes, hasta salirse de los diez mil maxilares. Fue algo atroz; artistas de pega que fueron maldecidos y abucheados con coraje desdentado. ¡Hay, si hubiéramos tenido tomates o huevos!.

¡Al fin!.

Miro la penumbra de entre bastidores y diviso lo que parecía una bata de cola, pero no, era un vestido de aguadora, goyesco ; una monada. Qué guapa, qué guapa, qué guapa, qué porte, qué gustazo para Javier Conde, el torero, su marío´. Dulce Pontes y ella, cantando, arrodilladas mientras chapotean en el agua que llena un cuenco de calabaza. Dulce, lo es, por nombre, por delicia de naturalidad y por sus fados a boca jarro, atinando en ese lugar del pecho en donde va y viene la tristeza. La verdad es que forman una buena pareja artística, pero a mi, Estrella Morente no me emociona, a pesar de la extraordinaria voz, del arte con los brazos, y de sus fascinadoras curvas,
no me la creo, no me llegan sus "cuatro muleros" pseudo operísticos a toda orquesta como lo hacen los tangos y granaínas de su padre Enrique Morente.

Los fados de Dulce Pontes, son lánguidos, corrosivos, distinguidos, y emocionantes, capaces de limpiar el óxido del alma o licuar el estuco coagulado de alguna herida de amor. En cambio, el flamenco fashion, desgitanizado de la Morente, acaricia de soslayo y diría que no es chicha ni limoná. A pesar de ello, tendrán muchísimo éxito. Son dos bellezas, diferentes, pero bellezas. Ahora se me ocurre una cosa, ¿quién puso más en la balanza, Bebo Valdés o El Cigala?: mezcla de dos autenticidades, el trasluz del son cubano y la opacidad del quejío flamenco.
En éste otro dúo, ¿ Quién, cual, qué, lo cualo, pesará más?.

4 comentarios:

Fernando Sarría dijo...

da gusto saberte un tribulete ofuscado porque el del desván te roba la exclusiva..ahhh!! de los poetas con mirada de águila...

abrazos de oso compañero...espero la nocturnidad del otoño para saciarnos en lso bares

Anónimo dijo...

Es verdad, faltaban brazos para aplaudir sobre todo a Dulce Pontes.

Good.
God.

Anónimo dijo...

Yo soy,casi del otro lado, si del de Estrella Morentes. Me encanta ese porte,esa manera tandelicada de mover las manos,esa voz... que recorre el cuerpo y se queda en la cabez merodeando hasta divagar por los sueños...

Un gusto leerte.

Pilar Cortés (amiga de Clara)

Javier López Clemente dijo...

El Cigala pusó el corazón pero Bebo es todo sabiduría.

En Dulce Estrella me gusta pensar que la unión entre esas diosas es cosa de otro maestro, como Bebo, un tipo serio que canta por derecho, pero sólo me lo temo, o me lo alegro, así que no digo el nombre que luego todo se sabe.

Salu2 Córneos.

PD. Ibeas y usted tuvieron suerte de que mi ordenador me recibio muertito, sino, la primera crónica de madrugada hubiera sido mía, estaba eufórico como para bulerías de Ranillas a Las Fuentes.
:-)

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